El prólogo de Clair Obscur – Estoy aquí

El siguiente texto contiene spoilers.

Llevo poco tiempo jugando a Clair Obscur: Expedition 33 cuando escribo esto, así que no va a ser una reseña del juego ni unas primeras impresiones. Lo que quiero hacer es hablar del prólogo y explicar por qué se me ha quedado en la memoria y no consigo sacármelo de la cabeza. Y, sobre todo, por qué me hizo llorar desconsolado a los 40 minutos de juego.

Primero que nada, el juego comienza con cinemáticas que, quizás, resultan algo pretenciosas, dejándote claro que va a ir con todo en lo emocional. Puede que el tono francés en los primeros compases sea un tanto excesivo, pero también es imprescindible para transmitir las emociones de la manera en que lo hace. Desde aquí, te recomendaría encarecidamente que juegues con las voces en francés, ya que esto lleva la pedantería al límite y, de alguna manera, realza la experiencia emocional del juego.

Lumière, con su estilo Belle Époque es preciosa pero también gris, triste y melancólica.

El juego no te da demasiadas explicaciones, pero asume que el jugador ya tiene algunas nociones. En el mundo de Clair Obscur, cada año la Paintress despierta y pinta un número en un monolito. Ese número marca la edad de todas las personas que desaparecerán instantáneamente. Nuestro prólogo comienza justo antes de que esto ocurra, en la ceremonia previa.

Gustave y Maelle van al encuentro de Sophie, la expareja de Gustave. Con apenas un par de líneas de diálogo entre ellos, entiendes que el encuentro no va a ser fácil, ya que ambos están distanciados. Cuando te encuentras con Sophie, la tensión es palpable. Es imposible no percibir todo lo que está pasando: la distancia que ahora hay entre ellos, lo mucho que se aman, y lo arrepentidos que están por cómo han sucedido las cosas. En ese momento, no queda otra opción; nada más importa que pasar los últimos momentos juntos.

El nerviosismo de encontrarse con la mujer de tu vida, de decir lo que no se puede expresar con palabras, o de no decir nada, de simplemente actuar de forma cotidiana mientras algo inexplicable te corroe por dentro es puro Krzysztof Kieślowski.

Juntos, de nuevo, avanzaréis hacia la gran ceremonia, descubriendo las mecánicas del juego y conociendo personajes que, lejos de responder tus preguntas, aumentan la intriga, pero disminuyen tu ansiedad como jugador.

Todo el prólogo tiene un tiempo perfectamente medido en lo emocional y cumple su función de enseñarte a los personajes y las mecánicas principales, descubrirás que todos los personajes han asumido su destino a su manera, y que todas sus reacciones son válidas.

Pese a todo, y pese a que en lo jugable no deja de ser un pasillo, lo más importante del prólogo es que nunca deja de narrar a través de sus personajes y localizaciones, estirándose de manera perfecta hasta llegar a su clímax, para doler como tiene que doler.

Y la música, la música lo es todo.

La comparación con Nier: Automata es común. Estamos hablando de dos juegos con altísimos niveles emocionales, tristes, melancólicos, existencialistas y con unas bandas sonoras descomunales.

Y, avanzado un poco más, con infinidad de preguntas, entendiendo lo que pasa pero sin comprender el mundo de Clair Obscur, llegamos al clímax. Una cinemática que quedará grabada en la historia del videojuego, como la muerte de Aerith o el final del primer The Last of Us.

El prólogo sigue un poco más pero yo prefiero quedarme en esta escena. Es difícil decir algo que lo capture todo: los gráficos, todo lo que nos ha llevado hasta este punto, lo que llevas dentro pero no exteriorizas, la banda sonora… El prólogo de Clair Obscur hay que vivirlo, jugarlo, llorarlo.

Estoy aquí…
Lo sé, lo sé…

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